Ha comenzado el día de hoy con la noticia de que los barcos que ayer zarparon de uno de los puertos de Barcelona con rumbo a Gaza para tratar de romper el bloqueo que desde hace ya tanto ejerce el estado de Israel, han tenido que volver debido a que las condiciones climatológicas no son las más adecuadas para iniciar su travesía. Pero hay otra noticia: y es que el mismo estado genocida de Israel ha anunciado que tratará como terroristas a los tripulantes de la flotilla, según lo reportan diversas fuentes, como Europa press. Lo primero implica una sorpresa, sí, pero que no hace sino resaltar la importancia y urgencia de la misión, Y aunque el retraso puede provocar incertidumbre, es importante que ésta no se convierta en desesperanza, que no nos evite tener la mirada y, sobre todo, la escucha atenta para lo que pueda surgir. Lo segundo no es ninguna sorpresa, pues el estado genocida de Israel no ha parado de dar pruebas de su crueldad para con el pueblo palestino, de ceguera y sordera ante las advertencias de organismos internacionales (inclusos de organizaciones de derechos humanos locales) y del clamor de ciudadanos del mundo entero que han manifestado la voluntad de que cese el fuego. Como afirmó Francesca Albanese: la flotilla es totalmente legítima de acuerdo a todas las leyes marítimas internacionales y amenazar la seguridad de sus tripulantes implica un nuevo crimen de guerra. En fin que, incluso cuando la marcha de los barcos no ha iniciado en forma, ya es mucho lo que queda por reflexionar y hacer.

No quiero dejar de reflexionar en este breve espacio, acerca de la importancia que tuvieron las jornadas que se llevaron a cabo en Moll de la Fusta durante el fin de semana, pues no son sino el resultado de una actividad que se ha mantenido constante, a lo largo del tiempo, pero que en estos últimos días ha cobrado unas fuerzas dignas de resaltar. En Barcelona comenzó todo el miércoles 27 de agosto, con la cacerolada a la que se ha convocado cada miércoles en Plaza Sant Jaume. A diferencia de lo ocurrido en semanas anteriores, esta vez se organizó una marcha que pasó por carrer Ferrán, de ahí a la Rambla hasta enfrentar al siempre incómodo Colón, para parar (con la hostil presencia de los mossos d’esquadra) frente al mar. A este andar se unieron colectivos diversos como los organizadores de los distintos boicots que se llevan a cabo a diario frente a Carrefour, KFC, McDonalds y otras de coorporaciones comerciales que apoyan a Israel; así como Judios X Palestina, Proucomplicitat y otras colectivas que participaron con la creación de banderas bordadas, registrando y compartiendo los acontecimientos o simplemente caminando mano a mano.

El jueves la Librería La Social abrió sus puertas para que, apoyados por la Fundación Mabrok y Libros de la Vorágine, se llevara a cabo el conversatorio Palestina y América Latina más allá de las imágenes, en el que tuve el honor de compartir foro con Laurent Cohen y Nadia Jabr. Nadia nos compartio un bello e importante texto de su autoría en el cual reflexiona acerca de su condición de Palestina en el exilio, del reconocimiento de lo puequeños gestos, que pueden ser un recuerdo de infancia o hasta un juego de llaves, que sirven para revincularle con su origen (ya no como Arkhé, sino como fuente diversa que tiene que ver con el lenguaje, con la memoria y la historia que se presentan como entidades abiertas) y con las implicaciones de no poder siquiera ostentar un documento que reconozca oficialmente la existencia de dicho lugar de origen (con su lenguaje, su memoria, sus historias). Posterior a ello mostramos las imágenes que los Hermanos Lumiére filmaran en la Palestina de 1896. En ellas se mira la convivencia de los pobladores de la región (árabes, judios y cristianos), se les observa compartir las calles, la vida cotidiana con no más conflictos que aquellos que pueden surgir típicamente entre vecinos. Se trata de un documento visual que deja sin lugar a dudas, fuera toda posibilidad de reducir la ocupación a una especie de conflicto mítico que se ha perpetuado por siglos o hasta milenios y que permite ubicarlo en su especificidad histórica: es decir, la Nakba de 1948, la influencia de Inglaterra en la definición de fronteras del territorio y el desarrollo de la ocupación y estado de Apartheid posteriores que desembocan en el actual genocidio. Además, y ese fue el gran hilo conductor del conversatorio: da evidencia de cómo las formas de violencia que presenciamos hoy día, fueron desarrolladas como parte de las estructuras coloniales que ven su origen primario en la conquista del mundo árabe de Granada y de ahí con la salida de los barcos que llevarían a Colón y otros «descubridores», al proyecto moderno, a América y África. Laurent Cohen evocó Barcos uno de los poemas que incluyo en Cancionero para deshumanos para a partir de él, reflexionar ya no sólo acerca de las estructuras colonialistas del mundo occidental, sino de la participación directa de Israel en conflictos de América Latina como el genocidio en Guatemala y otros que aunque poco conocidos son fundamentales para comprender el papel del estado sionista en el mapa geopolítico actual.


Finalmente todo cerró con una jornada que abarcó todo el fin de semana, con el propósito de acompañar a la flotilla que habrá de encaminarse en estos días a tratar de romper el bloqueo que sufre Palestina y llevar alimentos, equipos y materiales de primera necesidad. No es mi intención reproducir aquí, por cuestiones de espacio, los discursos de figuras como Greta Thunberg, Liam Cunningham u otros de los miembros de la flotilla, pues siempre es mejor acceder a los originales que se encuentran disponibles en distintos medios. Me centro más bien en evocar algo de lo dicho que comparto: hay que poner el foco de nuestras miradas, reflexiones y atención en el pueblo palestino, la flotilla va rumbo a ellos en un acto de valor y de responsabilidad moral que nos representa, sin duda, a todos, incluso a los que, por las razones que sea nos vemos imposibilitados para emprender tal viaje. Pero siempre debemos tener presente que las vidas a las que se aproximan son lo más importante; que, y esto hay que repetirlo cuantas veces sea necesario: la causa palestina congrega todas nuestras causas. No, no hemos olvidado que existen otras catástrofes en el mundo, imposible hacerlo, están frente a nosotros, con nosotros, todo el tiempo; son productos también de las políticas de un sistema colonialista e imperial que tiene como premisa máxima, lo he escrito antes: mantener la muerte al máximo en las zonas de conflicto y el consumo al máximo en las zonas de paz. Porque es este último el que nos mantiene alejados de las causas de los conflictos, de su implicaciones, no así de su imagen, de sus imágenes, que se convierten en parte de un escaparate que el algoritmo quiere convertir en mero espectáculo, que es lo que no podemos permitir. Lo más importante de la flotilla es, insisto, a quién se dirigen, a sus vidas ( y por ello sus historias que se conectan con todas las otras historias).

Hay, en ese sentido, un gesto que me interesa destacar de entre los muchos bellos gestos qe pudieron verse a lo largo de la jornada del fin de semana: se trata del momento en el cual una de las embarcaciones listas para zarpar recibió un bandera palestina llena de barquitos de papel, hechos con los colores de la bandera, colocados con un cuidado tremendo que hacía de la pieza algo único. Y es que creo que en ese gesto se refleja el gesto de la flotilla en sí misma: se trata de algo frágil, como el barco de papel, si se le compara con la contundente fuerza de la estructura armamentística del estado terrorista que es Israel, a la par que sus aliados EEUU y los gobiernos de Europa, pero no hay que perder de vista que se trata también del esfuerzo más grande jamás hecho para tratar de romper el bloqueo, se trata de un esfuerzo no militar, sino ciudadano, conciudadano, de todas partes. Es también la fragilidad, la vulnerabilidad, «vulner-habilidad», como la llama Silvana Rabinovich, de los que desde tierra activamos también los dispositivos de resistencia.
Ayer, al contemplar los barcos salir desde Moll de la Fulla, no pude evitar también convocar Barcos, el poema al que antes he hecho referencia, pero lo hacía ahora de otra forma. Pensaba en cuán diferente es ver barcos salir no con el afán de conquistar, sino de alguna forma tratar de romper con los mecanismos de conquista que oprimen el territorio palestino. Pensaba en cuán diferente luce la navegación cuando no apunta a la explotación, la esclavitud, la producción de la muerte. Lo pensaba desde ese portal que se abre cuando en el también muy necesario silencio se observa con calma a quien se va y se pone el oído atento, cuando uno navega más allá de la propia voz.
